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Lenguajes I 1°Parcial

Daniel Bougnoux
El hombre desciende más del signo que del mono, obtuvo su humanidad de cierto régimen simbólico o significante. Vivimos menos entre cosas que “en un bosque de símbolos” y éstos hacen que estemos
familiarizados con el mundo al interponer entre él y nosotros el orden de los signos, más manejable y liviano que el de las cosas. El imperio de los signos duplica el mundo natural; la semiosfera (que integra la cultura general) contiene a la biosfera (la naturaleza). Por medio de toda una red de representaciones codificadas y de signos que son también paragolpes que se oponen a la dureza del mundo, envolvemos filtramos y dominamos lo real externo.

El Giro Semiológico
Ferdinand de Saussure fue el primero en hacer el análisis de la lengua como estructura (1910). La idea es extraer de la cocina, de la vestimenta o del parentesco signos binarios u opositivos, comparables a los que el análisis descubre en la lengua. En cada dominio de la cultura determinado de este modo, los hombres intercambian signos según códigos que, posiblemente, son lenguajes. Esta aplicación, bautizada semiología, se encuentra con las ciencias de la información y de la comunicación, concebidas como el estudio del intercambio, de la producción y de la circulación de los signos en general, en el seno de la cultura.
Saussure dijo: “se puede concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social. La llamaremos semiología. Nos enseñaría en qué consisten los signos y cuáles son las leyes que los rigen. La lingüística es sólo una parte de esta ciencia general y las leyes que descubra la semiología se aplicarán a la lingüística; esta quedará, así, vinculada con un dominio bien definido en el conjunto de los hechos humanos”.
La semiología se interesa por el funcionamiento de los signos como un sistema. Un elemento del sistema significa en referencia a su relación de oposición o distinción en el seno de la estructura. Saussure afirma que “en la lengua hay solo diferencias”, los fonemas, por ejemplo, son discontinuos: un fonema B no es un fonema P, y entre ambos no hay un tercer término. El orden binario o digital está basado en su oposición dentro del sistema. El primer gesto de la semiología es eliminar la adhesión de los signos a las cosas para pensarlos según un marco de oposiciones pertinentes, previstas por el código.
La estructura por excelencia es el de la lengua en el que las palabras no adhieren a las cosas sino  que significan por su oposición. Los signos lingüísticos reciben una forma directa que obedece a un código y son reproducidos idénticamente en la cadena.

Las dos corrientes de la Semiología
Un primer camino de la investigación fue el de Ronald Barthes, autor en 1964 de los Ensayos de Semiología.
Propuso una especie de súper lingüística, aplicada a sistemas de signos como la moda, el texto literario, la cultura de masas o las mitologías de consumo masivo. Sugería que la tarea del semiólogo era elevar el muthos, discurso mudo o confuso, por medio de la lógica del logos. Las comunicaciones de masas, la vestimenta o la publicidad, no saben nada sobre sí mismas, porque son mudas y están mistificadas, y necesitan ser descifradas por la razón del lenguaje. Este logocentrismo postula que cuanto más cultos somos más usamos el lenguaje, “interpretante universal” y significante por excelencia. A partir de estos axiomas, se planteó, por ejemplo, que la cocina estaba estructurada como un lenguaje (con sus oposiciones entre lo crudo y lo cocido, lo dulce y lo salado). Toda una corriente logocentrista quiso encontrar lenguaje en nuestras comunicaciones no lingüísticas.
Los estudios de la comunicación nos enseñan una diversidad de canales de intercambio y de significación, irreductibles al puro lenguaje.
Otra corriente quiso romper con el logocentrismo y, para hacerlo, se sumergió en las semióticas inferiores. ¿Cómo funcionan los signos fuera del lenguaje? Es posible distinguir un régimen del índice y otro del ícono inasimilables a las acciones lógico-lingüísticas

La Semiología  según Charles Pierce
Para Pierce, desde la menor de nuestras percepciones, todo es signo. En efecto, conocer es reconocer, según códigos que surgen siempre mucho más temprano de lo que creemos. Pero esta respuesta necesita que hagamos más precisa la noción de código, central en el campo de la semiótica.
La definición clásica de signo planteaba que era “una cosa puesta en ligar de otra cosa”
Pierce partió de un esquema triangular: “La relación de semiosis designa una acción, o una influencia, que es, o que supone, la cooperación de tres sujetos: el signo, su objeto y su interpretante. Esta relación ternaria de influencia no puede; de ninguna manea, dejar de vincularse con acciones entre pares”
Lejos de ser emitido por una persona, el signo puede emanar de cualquier cosa aunque no se acerque a la restringida clase de los mensajes. Esta semiología amplía los fenómenos de la comunicación mucho más allá de los mensajes emitidos conscientemente de persona a persona.
El interpretante perciano no designa al receptor del signo, sino al código o al saber constituido, a la convención de lectura que permite relacionar tal signo con tal objeto; para esto ponemos en juego un triángulo: el dominio del signo es el de la “terceridad”. 
El triángulo semiótico de Pierce califica la “terceridad” de la semiosfera o el proceso informativo. Por contraste, el proceso energético se conforma con una “relación entre pares”
El marco trazado por Pierce es más amplio del que habríamos podido considerar para los signos pues no son sólo lingüísticos sino también naturales y sin emisores. Vamos de signo en signo, puesto que todo “objeto” puede ser un signo para otro objeto. La cadena permanece abierta hacia la derecha y hacia la izquierda del esquema triangular, sin que la actividad semiótica alcance nunca un término final.

Índices, Íconos, Símbolos
Índice: es el signo que vincula (el signo con la cosa y a los sujetos entre sí); y de hecho nuestras relaciones están amortiguadas por índices. El índice es lo que se muestra, se expresa o actúa según la modalidad de la presencia real: no representa la cosa o el fenómeno, lo manifiesta de manera directa y prolija
Ícono: imagen en general. El artefacto icónico se agrega al mundo. Al proyectar un objeto del mundo físico en otro, la relación icónica de analogía conserva algunos rasgos del original pero selecciona severamente estos datos pertinentes y los reconstruye en un material y en una escala que no le deben más nada al fenómeno representado. Pierce afirma que “el ícono es la manera más perfecta de representar un pensamiento”
Símbolos: el signo simbólico se estructura por exclusión y se basa en una secreta negatividad: apunta a la modalidad (digital) del todo o nada: entre dos fonemas que la lengua articula como entre los ceros y los unos del lenguaje binario de las máquinas, no hay tercer término. La presencia de tal signo significa la ausencia de todos los demás en el mismo lugar. Lo legible doblega a lo visible en una sola dimensión, cronológica o lógica


El Cierre Semiótico
Semiología: una ciencia de la cultura más que de la naturaleza. Ciencia del pasaje de la naturaleza a la cultura.
La semiosfera empieza más allá de la energía, pertenece a otro orden,
El mundo del signo envuelve el de nuestra libertad. El poder de análisis, suponen un espacio de juego y de interpretación, es la tercera cumbre del triángulo peirciano que mediatiza la relación del signo y de su objeto. Este espacio de mediación simbólica o semiótica mide nuestra libertad humana, aún cuando se trate, también, del mundo del código y de la convención. La semiosfera es como un dique que se opone a la brutalidad de las cosas. La cultura sería, la sustitución del material duro por lo compuesto blando. Los signos no están inertes, nos sirven para contener lo real, en los dos sentidos de este verbo que quiere decir, al mismo tiempo, “poner distancia” y “envolver”
En todo el mundo de la cultura que es el de una combinatoria codificada portadora de reconocimiento y de sentido, persiste la exigencia de articulación y fuera de la cual no habría más que fusión, invasión o cadenas de causas y efectos.

Type y Token
La convención es una manera de denominar cosas diferentes de manera homogénea. La distinción, propuesta por Pierce, entre Type (la categoría) y Token (la ocurrencia singular) muestra que semiotizar es imponer un Type invariante a Tokens empíricos. Este Type no se encuentra en ninguna parte en la naturaleza, pero permite reunir los Tokens de la experiencia, que son siempre únicos y diferentes, por la mediación de un código. Este aporta un filtro.
Las nociones de signo y de código apelan a la estructura, “un modelo construido a través de las operaciones simplificadoras que permiten unificar fenómenos diversos desde un punto de vista”. Esta definición, propuesta por Umberto Eco, reúne varias palabras clave: todo signo es estructural, toda estructura es una combinación de signos, que aligeran y simplifican las propiedades naturales de las cosas. Significar consiste en un acto de economía y de simplificación. Estructuralismo y semiótica caminan a la par.
Codificar es abreviar, un signo es siempre más breve que lo que designa.
Todo código funciona como un factor de orden y de reproducción, permite la repetición de un tipo ideal o inalterado a través de sus diferentes ocurrencias,

Autonomía de la semiosfera –cierre semiótico
Los signos se articulan lejos de las cosas y sin ellas. En el esquema triangular del signo, el interpretante y el objeto, este último no es una cosa sino una idea. El mundo de las cosas se corresponde con la biosfera, de la que emerge la semiosfera. La analiza, sin estar vinculada a ella físicamente.
En esta crítica de la ilusión referencial se basa la semiótica. El mundo de los signos no es el de las cosas y tiene una relativa autonomía respecto del mundo real.

Lyons
Cada lengua está cortada por un patrón único y las unidades que la componen pueden identificarse únicamente en términos de sus relaciones con otras unidades de la misma lengua. Cada lengua es una estructura de relación única y las unidades o fonemas son hitos en dicha estructura.
Fonemas: Son las unidades lingüísticas que se combinan en secuencia para formar las palabras de una lengua. Cada pronunciación de una palabra, defiere en cierta manera de la pronunciación de la misma por parte de hablantes diferentes. El estructuralismo dirá que se trata de una identidad de patrón o de una estructura. Es por ello, que cada pronunciación de una palabra se diferencia de las demás palabras. La lengua establece diferentes distinciones en el continuo de sonidos y los hace funcionales y en la descripción de la lengua, los fonemas se consideran como los elementos terminales de estas relaciones de contraste funcional.

Dicotomías de Saussure:
Sustancia y forma: la composición fonológica de una palabra es un complejo de fonemas. La forma y el significado de esa palabra, tampoco tienen existencia, como unidades, fuera de las lenguas particulares en donde se realizan, ni tampoco existen la una con la independencia del otro. Todo significado está asociado con una forma. Relación de los componentes de las formas: 
Sintagmáticas: aquellas que derivan de su combinación con los elementos del mismo nivel que le procedan o le sigan. 
Paradigmáticas:aquellas que se dan entre el elemento que aparece y otros de la misma condición que podrían haber ocupado su lugar.
Por análisis sincrónico se entiende la investigación de esa lengua como es, como era, en un tiempo determinado del tiempo, mientras que el análisis diacrónico es el estudio de los cambios que tiene lugar en una lengua entre dos periodos concretos del tiempo.

Ferdinand de Saussure
Saussure habla de dos caras que se determinan mutuamente en el lenguaje, una individual y una social, un sistema fijo pero a la vez producto de una evolución histórica. Esas “caras del lenguaje” son llamadas por Saussure lengua y habla (langue et parole). La lengua es el sistema , y el habla es la manifestación efectiva de ese sistema. La lengua es una totalidad en sí, autónoma y estable. Es un sistema de posiciones interdependientes, interrelacionadas, que constituyen un todo complejo y ordenado. Por su parte, el habla es la realización de la lengua a través de sonidos vocales. Como cada hablante hace uso del sistema según su propia individualidad, para Saussure el habla no constituye un objeto de estudio. La Lengua aparece en Saussure enfrentada al Habla, como una institución social, pura forma sin sustancia, concepción opuesta al idealismo imperante en los círculos académicos de la época. 
¿Es natural el desarrollo del lenguaje? Saussure responderá que lo natural es la potencialidad de su desarrollo, y opondrá esta característica del lenguaje a la de la lengua, construcción creada enteramente por la sociedad, que los individuos van aprendiendo progresivamente a lo largo de su crecimiento. 

Signo linguistico
Las unidades que conforman el sistema de la lengua reciben el nombre de signos lingüísticos. Están formados por dos elementos, ambos de carácter psíquico, llamados concepto e imagen acústica. El hablante elige los signos lingüísticos que va a usar en el mensaje, según la conveniencia del caso y su propia inteligencia, en una acción que depende de su voluntad. Una vez pronunciada la palabra, esta viajará en forma de sonido y será recibida por el oyente. En la mente de este individuo la imagen acústica recibida determinará un concepto, en forma independiente de la voluntad del sujeto, que no puede intervenir en la relación. Tenemos entonces que para Saussure, la relación entre un concepto y una imagen acústica (operación que realiza el hablante) es activa, mientras que la relación entre una imagen acústica y un concepto (operación que realiza el oyente) es pasiva.
El autor caracteriza al hablante como a un “árbitro” del habla: el único condicionante sería su inteligencia. Por el contrario, el oyente es quien, pasivamente, escucha y entiende. Lo que garantiza la comunicación es la lengua. 

El signo “árbol” no es el nombre de una cosa, sino una noción que el individuo en tanto ser social tiene en su pensamiento. Por ejemplo, “planta, de tronco leñoso, con ramas y hojas”. De manera análoga, el elemento sonoro que se relaciona en la mente del individuo con el concepto “árbol” no es sólo el sonido de la palabra correctamente articulado, sino que es una “huella en su conciencia”, que Saussure llamará “imagen acústica”. ¿Cuál es la diferencia entre sonido e imagen acústica? El sonido es una entidad física, una vibración transmitida en forma de ondas a través de un medio (como el aire), con una frecuencia capaz de ser percibida por el oído humano. Por su parte, la imagen acústica es una entidad psíquica, al igual que el concepto con el cual está apareada; es un elemento que existe en la mente del individuo, la representación que nuestros sentidos nos brindan de un sonido particular, y no el sonido en sí. ¿Cuál es la diferencia entre concepto y nombre? Un concepto no es la denominación de una cosa, sino que es una idea general acerca de algo formada en la psiquis humana por intervención de un sistema convencional. Pensar lo contrario significa admitir la existencia de elementos con significación previos a la existencia del lenguaje. No obstante, esta perspectiva tradicional persiste en el círculo de estudios en torno a la lingüística, y Saussure decide enfrentarse a ella

  Saussure va a renombrar estos elementos, según refiere en el Curso para evitar confundir la idea de signo con la de imagen acústica. A partir de este momento, llamaremos “significante” a la imagen acústica, y “significado” al concepto. Las definiciones de ambos se mantienen: el significante se refiere a la parte más “material” del signo (metafóricamente, pues ya hemos visto que ambos términos son psíquicos), y el significado hará referencia a la parte “conceptual” del signo. Sin embargo la relación significante / significado no es del todo congruente con la relación imagen acústica / concepto. 

“El lazo que une el significante al significado es arbitrario; o bien, puesto que entendemos por signo el total resultante de la asociación de un significante con un significado, podemos decir más simplemente: el signo lingüístico es arbitrario.” El carácter arbitrario de un signo hace referencia a una relación significante /significado originada en un hábito colectivo y no en un principio natural ni espiritual. La libertad del hablante, según Saussure, radica en cómo se manifiesta el sistema según la particularidad de cada hablante (particularidades tan numerosas como hablantes existen), pero el individuo no puede, aunque lo desee, cambiar un signo lingüístico por otro. Tal posibilidad reside en la sociedad, no en el individuo. Saussure plantea dos objeciones posibles al carácter arbitrario del signo. Primero, las onomatopeyas, las palabras que designan esos sonidos no están en realidad originadas en ellos, sino que son una representación de estos sonidos: una construcción de la sociedad, que nada tiene de natural o motivado, rastreando el origen de las onomatopeyas, o comparando su diversidad en los distintos idiomas, confirmamos su carácter arbitrario. Segundo, las exclamaciones: si un suceso abrupto nos sorprende, las interjecciones que emitimos “espontáneamente”, ¿en qué medida participan del concepto de arbitrariedad? Nuevamente, una comparación de la variedad de exclamaciones en los diferentes idiomas contradice la supuesta naturalidad. 

“El significante, por ser de naturaleza auditiva, se desenvuelve en el tiempo únicamente y tiene los caracteres que toma del tiempo: a) representa una extensión, y b) esa extensión es mensurable en una sola dimensión; es una línea.”  Tienen caducidad: a diferencia de la escritura, su existencia es efímera. 

Paradigma y sintagma
 Un mensaje se integra operando sobre dos ejes: un eje con elementos que mantienen entre sí una relación de contigüidad y otro con elementos que mantienen una relación de equivalencia. Los elementos relacionados por contigüidad constituyen el eje sintagmático, y los elementos relacionados por equivalencia el eje paradigmático. En el eje sintagmático se combinan un conjunto de unidades del mismo nivel lingúístico: se trata de una relación de elementos en presencia. Tomando en cuenta el carácter lineal de la lengua, asistimos a una sucesión horizontal de elementos no conmutables (como en el eje paradigmático). El paradigma es un conjunto limitado de elementos que responden a un modelo formal común. El eje paradigmático opera por ausencia, ya que las formas equivalentes que en él están consideradas se excluyen mutuamente.

El signo lingüístico es una totalidad: cada uno de los pares significante/significado forman una unidad de la lengua, un elemento del sistema. ¿Cómo identificamos estos elementos? Por su valor.  El valor de un elemento del sistema se obtiene por comparación con los restantes elementos de ese sistema: se define por oposición. Por ejemplo, en la notación musical puedo conocer el valor de una figura mediante la relación con otras figuras: una redonda es equivalente a dos blancas, a cuatro negras, etc. Pero, más allá del trazo que use para representarla, lo que me permite identificarla en el pentagrama es saber que una redonda no es una negra, ni una blanca, ni una corchea. Un signo es lo que los demás signos no son. Cada elemento del sistema adquiere su valor por oposición a los restantes elementos del sistema, y no por un valor intrínseco o esencial a él.

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